Contratos en Diseño y Branding

Contratos en Diseño y Branding

Contratos en Diseño y Branding

Reglas más claras para un servicio más profesional.

Quienes nos dedicamos al diseño y al branding, o incluso a las industrias creativas en general, a menudo pasamos por alto un factor sumamente particular de nuestra ocupación: nuestro objeto de comercio son las ideas. Este es un punto fundamental en el branding y que, sin embargo, muchas veces es poco comprendido. Cuando un cliente recibe nuestra propuesta y evalúa el aspecto económico, a menudo tiene en mente el resultado final, es decir, el logo, un manual de marca o una serie de piezas gráficas. Lo que es difícil de entender y también de explicar, es que lo que hace verdaderamente valioso nuestro servicio no es el resultado final, sino el proceso previo. Cuando el cliente dice que quiere una marca, no quiere una marca cualquiera, sino una que se adapte a sus necesidades y objetivos. Cuando dice que quiere un brochure, no quiere un brochure cualquiera, sino uno que funcione según su estrategia comunicativa. En otras palabras, lo que nuestros clientes realmente demandan de nosotros son ideas, soluciones y estrategias, las cuales podremos brindarles en función a nuestro conocimiento, nuestra experiencia y nuestra creatividad. 

Debido a su naturaleza abstracta e intangible, es necesario explicar correctamente al cliente las características de nuestro servicio, de manera que pueda comprenderlo claramente desde un inicio. Esto nos permitirá optimizar la comunicación durante el proyecto, evitar posibles confusiones por parte de nuestros clientes y asegurar un proceso más fluido y eficiente. Desde luego, esta explicación se da en diversos niveles: desde nuestra entrevista inicial y conversaciones posteriores, hasta documentos como la propuesta técnica, la propuesta económica y la forma en la que realizamos nuestras presentaciones.

Entre los muchos documentos que nos ayudan a consolidar la definición de nuestro servicio, existe uno que resulta de especial importancia y que, sin embargo, es muchas veces olvidado, particularmente por los diseñadores y estudios independientes: el contrato. 

Un contrato formal no es otra cosa que un documento legal a través del cual ambas partes aceptan una serie de términos y condiciones para la prestación del servicio. El contrato cumple, a su vez, diversas funciones. Entre las más importantes destacan las siguientes:

1. Formalizan el acuerdo de ambas partes de aceptar y respetar una serie de términos y condiciones.

2. Permiten resolver rápidamente conflictos o dudas en caso de desacuerdos.

3. Establecen claramente las obligaciones y derechos de las partes que lo suscriben.

Adicionalmente, es importante hacer hincapié en que, por la naturaleza de un servicio de branding o diseño, se producen una serie de creaciones que conllevan derechos de propiedad intelectual. Los contratos resultan particularmente importantes en ese sentido, ya que establecen a los titulares de dichos derechos, así como los alcances e implicancias de los diferentes derechos de autor, derechos de comercialización y alcances de uso de los resultados del proceso.

La firma de un contrato, por lo tanto, no solo le da formalidad y profesionalismo a nuestro trabajo, sino que además ayuda a que ambas partes comprendan plenamente diversos aspectos de un proceso creativo, desde la titularidad de los derechos de propiedad intelectual, hasta elementos propios del servicio como las formas de pago, los plazos de entrega o los entregables que debe esperar el cliente a la conclusión del proyecto.

Pero, ¿qué elementos son necesarios en un contrato de creación de marcas? Para empezar, debemos comprender que los contratos no son una herramienta inamovible que puede emplearse indiscriminadamente en diferentes situaciones. Si bien es cierto podemos tener un modelo que nos sirva como punto de partida, siempre debemos hacer los ajustes necesarios para adaptarlo a las circunstancias específicas de cada proyecto. Asimismo, es importante que el cliente lea el contrato antes de firmarlo, en caso de que le surjan dudas, comentarios o que desee solicitar hacer algún tipo de ajuste en algunas de las condiciones.

En general, cuando redactamos un contrato de creación de marcas, debemos incluir algunos puntos fundamentales, que respondan de manera clara y concisa a posibles dudas que puedan surgir más adelante en el transcurso del proyecto:

1. Establecer los tiempos de entrega y la duración del servicio. ¿Existen penalidades si no terminamos el proceso a tiempo? ¿Qué ocurre si nuestro cliente retrasa el proyecto de forma injustificada?

2. Establecer los montos y la forma de pago por el servicio. ¿Qué condiciones deben darse para efectuar un pago? ¿Se realizarán en fechas establecidas, en función a una entrega particular o al término de una etapa? ¿Dependen de la aprobación del cliente? 

3. Establecer detalladamente en qué consiste el proyecto y los servicios que este incluye. ¿Cuáles son los servicios incluidos por el precio pactado? ¿Qué ocurre si el cliente decide cambiar o ajustar alguno de estos servicios? ¿Cuáles son los entregables que se esperan al final del proyecto?

4. Establecer una serie de soluciones rápidas a posibles conflictos, dudas o desacuerdos. ¿Qué ocurre si el cliente ya no desea continuar con el servicio? ¿Qué sucede si nosotros no deseamos seguirlo prestando? ¿En qué momento se considera que el servicio ha concluido?

Adicionalmente, debemos prestar atención a la propiedad intelectual. Por lo general, en un proceso de desarrollo de marcas, los derechos patrimoniales, es decir, los que permiten la explotación de los contenidos originales, le son transferidos al cliente para que este pueda disponer libremente de ellos. Sin embargo, no debemos dejar de establecer algunos puntos, como si se nos permitirá exhibir los resultados en nuestro portafolio de inmediato o si existe un plazo para que podamos hacerlo.

Suscribir un contrato con el cliente no solo nos permite prevenir futuros conflictos, sino también demostrarle nuestro nivel de profesionalismo, compromiso y seriedad. Al mismo tiempo, establecer reglas claras que quedan suscritas por ambas partes nos ayuda a mejorar nuestra relación de trabajo con el cliente, haciendo el proceso mucho más eficiente y transparente desde  un inicio.

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